El Imperio Final

Pocas veces siento la necesidad de escribir una reseña nada más terminar un libro. Pero con este libro tengo que hacerlo. Buscaba algo fantástico que leer. Y quería escapar de las novelas juveniles. Me tienen un poco cansada ya. Buscando y buscando mucho encontré esta historia. Reconozco que no me llamó demasiado la atención. Seguí buscando. Pero no encontraba nada que se acercara a lo que quería. Finalmente, volví a esta novela. Abrí mi libro y empecé a leer…





Durante mil años han caído las cenizas y nada florece. Durante mil años los skaa han sido esclavizados y viven sumidos en un miedo inevitable. Durante mil años el Lord Legislador reina con un poder absoluto gracias al terror, a sus poderes e inmortalidad. Le ayudan «obligadores» e «inquisidores», junto a la poderosa magia de la «alomancia». Pero los nobles, con frecuencia, han tenido trato sexual con jóvenes skaa y, aunque la ley lo prohíbe, algunos de sus bastardos han sobrevivido y heredado los poderes alománticos: son los «nacidos de la bruma» (mistborns). Ahora, Kelsier, el «superviviente», el único que ha logrado huir de los Pozos de Hathsin, ha encontrado a Vin, una pobre chica skaa con mucha suerte... Tal vez los dos unidos a la rebelión que los skaa intentan desde hace mil años puedan cambiar el mundo y la atroz dominación del Lord Legislador.

Es lo que mejor que podría haber hecho. No os voy a mentir. Estuve a punto de dejarlo. El libro no me atrapaba. Me gustaba el mundo que el autor estaba creando. Me parecía original. La forma de magia, la Alomancia, caracterizada por esa quema de metales, me parece una de las cosas más originales que he leído en mucho tiempo. Sin embargo, había algo que me hacía dudar de la historia. Llegué a la página 100, obligándome a ello. El libro no era para mí. Me dije que ese iba a ser el último capítulo (no me gusta dejarlos a medias) pero entonces, todo cambió.

No sé por qué. No pasó nada extraordinario. Tal vez, la aparición de un nuevo personaje que me llamó la atención. Tal vez que por fin empaticé con Vin, tal vez que empezaban las tramas políticas, que ya habíamos pasado la introducción, que empezaba la historia. La cosa es que ese capítulo dio paso a otro y a otro y pasé 3 horas seguidas leyendo. Hacía mucho que no me pasaba eso con un libro. Nunca leo tanto tiempo seguido, debido a mi escaso tiempo y al resto de obligaciones. Pero esa tarde decidí hacer una excepción. El resto del mundo me daba igual. Tenía que leer esta novela. Y en dos días leí lo que no había leído en una semana entera.

En algunos momentos me asusté. En algunas ocasiones temí estar leyendo una novela juvenil. Sin embargo, el autor no se detenía mucho en contar ese “romance” que aparece. Simplemente lo intuimos, nuestra protagonista, no se vuelve loca perdida por ese chico. No hace que sus actos se basen en ese pequeño romance. De hecho, lo termino viendo necesario. Necesario para conocer el punto de vista de una parte de la sociedad a la que sólo conocemos por las reflexiones y vivencias de aquellos que van en contra de ella. Necesario para que nos muestre que dentro de un mismo grupo puede haber buenos y malos, que no todos somos iguales y que a pesar de nuestras circunstancias podemos pensar de forma distinta.

A pesar de la fantasía, la trama termina siendo tan real como la vida misma. ¿Cómo conseguir derrocar a un dictador? ¿Cómo conseguir levantar a un pueblo reprimido contra el poder? ¿Cómo tener esperanza cuando todo está perdido?¿Cómo se forman las leyendas?

Definitivamente, una novela maravillosa. Con elementos fantásticos pero con tramas realistas, con personajes únicos que rápidamente se convierten en inolvidables.