El Castillo Soñado

Esta es una de esas novelas de las cuales siempre oyes hablar pero nunca te animas a leer. Conozco esta historia desde hace muchos años, pero nunca fue una de mis prioridades lectoras, hasta que hace poco por una serie de motivos surgió la oportunidad de leerla. Lo primero de todo tengo que destacar lo difícil que fue conseguir esta novela. En algunas bibliotecas no sabían  de su existencia (lo cual me pareció indignante) y en las tiendas había que encargarla para que te la trajeran en un periodo de tiempo abrumador. Debo reconocer que fue este hecho el que hizo que las ganas de leer esta historia aumentaran.
Al fin, conseguí la novela, y no fue lo que me esperaba, pero fue una historia emotiva, que dejaba una buena sensación tras su lectura. 










Instalada en un destartalado castillo rodeado de abundante naturaleza, los días transcurren sin demasiadas sorpresas en la vida de Cassandra Mortmain. A sus diecisiete años, su familia no es precisamente una fuente de diversión: su padre es escritor, pero no escribe; su madrastra, bohemia y musa de artistas, sueña con tiemp os pasados; su bella hermana Rose muestra una preocupante tendencia a la melancolía; y a su hermano Thomas no le ven el pelo. Sin embargo, un buen día, la tranquila existencia de Cassandra se ve alterada con la llegada de los Cotton, una familia norteamericana que ha heredado el ruinoso edificio. Esta desconcertante aparición trae consigo un generoso aire de energía y vitalidad que cambiará radicalmente el destino de los Mortmain. 

La historia está narrada en primera persona, en forma de diarios personales  escritos por Cassandra, nuestra joven e inexperta protagonista. A través de su peculiar forma de vivir, iremos conociendo a su familia, la cual, para mi gusto, es de lo más extravagante que podemos encontrar.
La novela está dividida en tres partes, cada una correspondiente a los diferentes diarios que Cassandra va escribiendo, donde ella permite dejar volar su imaginación, ya que sus diarios son lo único propio que tiene y que nadie la puede quitar. A través de los diarios podemos ser presentes del cambio más importante que se podruce en la vida de todos y cada uno de nosotros: el paso de la infancia a la madurez. Crecer, tener responsabilidades, tomar decisiones.

Si echamos la vista atrás en nuestras vidas, todos nos damos cuenta de que hemos dado ese paso en algún momento pero, ¿podríamos definirlo? ¿Podríamos hacer una línea que separe nuestra infancia del siguiente escalón? Algunos seguro que sí, pero creo que la mayoría no seríamos capaces.  Y eso es lo que ocurre en esta novela. Somos testigos de que Rose y Cassandra van creciendo, las conocemos siendo unas niñas locas que sólo juegan a ser mayores, pero terminan siendo verdaderas mujercitas que saben donde está su lugar. Y como en la vida misma, no hay una línea que separe un momento de otro. Es la vida en sí misma la que poco a poco te trasnforma hasta ser un adulto con responsabilidades, sin saber cuál fue el momento que lo cambió todo. Pero voy a dejar de irme por las ramas y vuelvo a la novela.


Las descripciones de la novela me han transmitido una enorme sensación de paz y tranquilidad, y en ocasiones de tristeza. Tristeza por esa infancia perdida que ya no volverá, por esos veranos en los que no teníamos preocupaciones, y todo consistía en estar con las personas a las que elegías para que te acompañaran en la peligrosa aventura de cruzar la calle sin el consentimiento de tus padres. Esos eternos, pero maravillosos veranos que no acaban nunca, que no querías que tuvieran fin. Pero terminan. Para siempre. Porque a esos veranos ya no se puede volver.

Sin embargo, y aunque parezca una contradicción, esto me ha transmitido una felicidad muy grande. La alegría de saber que has vivido momentos como esos, veranos con gente maravillosa que te acompañaba en aventuras, las cuales al crecer y echar la vista atrás, ves que no lo eran tanto. Esa sensación de saber que has vivido, que cada cosa tiene un momento y un lugar y que lo mejor que nos puede pasar es seguir creciendo, madurando, y algún día, mirar atrás en el camino, y tener una sonrisa en la cara al contemplar  la vida que hemos llevado.

Sé que esto no tiene mucho que ver con la novela, pero son las sensaciones que a mí me ha transmitido. En cuanto a la novela en sí, no es de mis favoritas, y no creo que de aquí a unos años la recuerde, la historia en sí me ha aburrido un poco, y los personajes (exceptuando a Stephen que es bastante secundario el pobre) no me parecen muy dignos de mencionar porque son bastante prototípicos. Por eso destaco las sensaciones que me dio la novela, porque esas sí las considero dignas de mención, y es lo que hace que pueda recomendar esta historia, la cual os dejará un buen sabor de boca.


Un libro para volver a vivir ese paso hacia la madurez y recordar el primer amor. 

Valoración personal: 3/5


Retazos de palabras #3

Hoy vuelvo con esta sección que tan abandonada tengo, y en esta ocasión quería compartir con vosotros algunas de las frases de una de mis novelas favoritas: Expiación. No puedo poner muchas, ya que no os quiero hacer spoiler, por lo que pondré las que creo que no afectan demasiado al argumento, pero que dejan de muestra la prosa tan magnífica de este autor.






Un relato era simple y directo, no permitía que nada se interpusiese entre ella y el lector: no había intermediarios, con sus ambiciones privadas o su incompetencia, no había presiones de tiempo ni recursos limitados. En un relato sólo había que desear, bastaba con escribirlo y tenías el mundo (Página 37)
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Aquello no era un cuento de hadas, sino el mundo real, el mundo adulto en el que las ranas no hablaban a princesas y los únicos mensajes eran los que emitían las personas. (Página 39)
                                                                                                      
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Ella le devolvió la mirada, sorprendida por el hecho de su propia transformación, y abrumada por la belleza de una cara que la costumbre de toda una vida le había enseñado a pasar por alto. (Página 137)
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Todo lo que tenían descansaba en unos pocos minutos, años atrás, en una biblioteca. (Página 203)


Y mi favorita para el final...


Te esperaré. Vuelve. (Página 200)




Y podría seguir durante mucho más rato, pero tampoco quiero cansaros. Creo que no es necesario que siga diciendo lo que amo esta historia, porque ya me vais a llamar pesada y no es plan, pero me encanta. Si quieres ver la reseña pincha aquí.













Yo os espero el miércoles con una nueva reseña, FELIZ CARNAVAL :)